Por: José Ignacio Montero

Mejorar la calidad de vida es uno de los objetivos prioritarios en cualquier ciudad del mundo, aunque la complejidad que las caracteriza lo complica en cierta medida. Cometeríamos un error si las viéramos como una simple mole de edificios. Las ciudades son la suma de distintos tipos de actores sociales, sus intereses, las interrelaciones entre ellos, entre otros.

Sabedores de la complejidad que caracteriza a las ciudades, parece bastante obvio que si un individuo quiere reclamar o reivindicar alguna cuestión por si solo, lo tiene bastante difícil. Y justo es en este punto donde México presenta una de sus principales vulnerabilidades, falta de cohesión social.

La vida diaria de los mexicanos es en líneas generales bastante estresante y absorbente. Largos desplazamientos de la vivienda al trabajo y a otras tareas cotidianas, unidas a intensivas horas de trabajo, hacen que sea bastante difícil poder mantener relaciones sociales con el ámbito más cercano, el de los vecinos.

A estos factores se añaden otros como el rápido crecimiento que están experimentando muchas ciudades, la forma de crecer (viviendas unifamiliares) y la inseguridad. Es bastante irónico pero este último factor ha sido el que, de alguna manera, ha fomentado algo el asociacionismo vecinal, en forma de patrullas ciudadanas encargadas de velar por la seguridad, dada la incapacidad mostrada por las autoridades en este tema.

Uno de los pilares del patriotismo nacional es el sentimiento de pertenencia al país, pero cuando vemos esto a escala de detalle no ocurre. En pocas palabras, el mexicano se siente de su país, se siente al menos de su ciudad y mucho menos de su colonia o fraccionamiento. Esto es algo que contrasta por ejemplo con las áreas rurales, donde la población cuenta con un tejido social muy desarrollado y sienten mucho arraigo por el lugar, lo cual equivale a que cuando surgen problemas o desafíos los enfrentan en comunidad.

Conviene realizar un especial énfasis en el factor mencionado anteriormente sobre la forma de crecer. La escasa presencia de asociaciones civiles es una consecuencias lógica del crecimiento disperso que protagonizan las ciudades mexicanas. A diferencia de lo que ocurre en los edificios de viviendas, en los cuales es común encontrarse vecinos con los cuales establecer relaciones sociales, en las viviendas unifamiliares no se da prácticamente este tipo de situaciones, lo que conduce a un aislamiento del resto de la comunidad que habita en los alrededores.

Conviene realizar un especial énfasis en el factor mencionado anteriormente sobre la forma de crecer. La escasa presencia de asociaciones civiles es una consecuencias lógica del crecimiento disperso que protagonizan las ciudades mexicanas. A diferencia de lo que ocurre en los edificios de viviendas, en los cuales es común encontrarse vecinos con los cuales establecer relaciones sociales, en las viviendas unifamiliares no se da prácticamente este tipo de situaciones, lo que conduce a un aislamiento del resto de la comunidad que habita en los alrededores.

Pero ¿Cuántas personas se involucran en cuestiones comunitarias? No se sabe con certeza, pero se cree que menos del 5% lo hace. A pesar de tan escaso porcentaje, existen asociaciones civiles que pueden servir de ejemplo. En el municipio de Zapopan, en el estado de Jalisco, se encuentra “Barrios Amables”, asociación que desarrolla actividades lúdicas, como huertos urbanos o cines de barrio, enfocadas a mejorar la cohesión social. Otro ejemplo sería el de la “Fundación Hogares”, la cual tiene presencia en todos los estados del país. Su objetivo es promover la participación ciudadana de tal manera que los vecinos aprendan a organizarse para poder afrontar de forma colectiva los problemas.

En conclusión, vivimos en un momento en el cual todo se mide en grandes magnitudes. Ejemplo de ello podrían ser las empresas multinacionales, el comercio global, uniones de países con un determinado fin. Es por ello que hacer la guerra cada quien por su cuenta no conduce a nada, y solo a través del asociacionismo se puede conseguir la fuerza e influencia suficiente como para poder, no solo resolver los problemas comunitarios, sino también mejorar ciertos aspectos. Además cabe subrayar que este artículo está íntimamente ligado al del anterior número, en el cual hablábamos sobre que el primer paso para conseguir participación ciudadana en la construcción de la ciudad es aprender a participar. Así que ¡Manos a la obra!, conoce a tus vecinos y relaciónate, es una de las mejores inversiones que puedes hacer.

Fuente: Revista Soluciones Urbanas 

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